Chido, la hembra no se agüito y me dejó grabarla mientras le remojaba la brocha en su panocha deliciosa.
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Chido, la hembra no se agüito y me dejó grabarla mientras le remojaba la brocha en su panocha deliciosa.

Pocas viejas le entran tan chingón al desmadre como la putona calenturienta de Montserrat. Ya varios vatos me habían dicho que culeaba chingón la nalgona, pero yo como Santo Tomás: hasta no ver, no creer. Así que la invité a pistear a mi cuarto a ver si aflojaba a la primera, pero la neta es que pude ahorrarme las cheves porque la hembra está tan caliente que ni siquiera necesitó de las chelas para perder la pena y dejarse poner patitas al hombro sobre mi cama. Nomás me dijo “ya sé porqué me invitaste, ¿o crees que soy tonta? Me dijo mientras yo me quedaba callado “todos los hombres lo quieren y normalmente le sacó algo a los vatos que quieren cogerme, pero se ve que tu culeas sabroso, ¿le entras?

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